Juguetería | 2009

Deconstruir percepción y conocimiento  para llegar a la conciencia puede parecer una de las pautas de la expresión artística contemporánea. Es, sin embargo, una acción común a toda manifestación del arte desde sus lejanos comienzos, desde que hiciera su aparición, según lo consideraba M. Blanchot,  como nuestra primera seña de identidad.

En el desarrollo de esta pulsión de raíces mágicas que aspira a convertirse en ciencia hay un momento de iluminación que es el que más nos aproxima al estado en el que el mundo y la mente primitivos empiezan su proceso de desciframiento: el episodio de la infancia. Es en su vasto olvido surcado de destellos donde nuestra relación con la existencia adquirirá su forma casi definitiva, y donde el uso de cuanto nos rodea marcará de manera indeleble nuestras vidas.

Hoy sabemos que el juego es uno de los estímulos básicos del conocimiento, el motor más efectivo del aprendizaje y un óptimo educador del instinto y de la imaginación, y comprendemos mejor que buena parte de la creatividad y de los objetos de fascinar que el arte ha producido, tienen en aquel  momento de iluminación olvidado y en el ludión que lo restituye su origen y sentido. Por ello, no fue difícil convencer a los artistas implicados en Juguetería para que en sus trabajos e intervenciones consideraran al juego y a los juguetes como motivo de inspiración o reflexión.

Dice el DRAE que juguete es “un objeto atractivo con que se entretienen los niños”, aunque a día de hoy venga sobrando lo de los niños, pues “juguete” extiende su campo semántico prácticamente a todo objeto atractivo que invite al entretenimiento y a la diversión, todo objeto capaz de despertar fascinación  y, en consecuencia, deseo.

En el ámbito de ambos estímulos es en el que se han movido los proveedores de esta reconversión de Artizar en juguetería. Sus juguetes nos acercan al espacio delicado y secreto de lo divertido, un lugar en el que los objetos por ellos creados van a querer jugar con nuestras emociones y nuestra inteligencia si nos aventuramos a dejarlos.

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